jueves, 30 de junio de 2011

Crónica del día 6: Rutina, limpieza y un poco de relax

El día de hoy, como cada día, comenzó con desayuno y labores varias. Después, mientras nosotros trabajábamos un poco, Marc fue al penúltimo día de este campamento, donde siguió aprendiendo cosas de arqueología.
Al regresar, nos dispusimos a lavar un poco de ropa. Aquí se ve a los dos trabajadores del hogar acarreando sus sendos canastos de ropa sucia escaleras abajo:

Y en ésta ya se los ve posando, armados cada uno con su quitamanchas (el famoso y viajero KH7). ¡Ya se imaginan qué limpio quedó todo!

Más tarde, nos fuimos un rato al parque, donde jugamos a la pelota un rato y otro rato nos echamos a descansar. Aquí nuestros lectores pueden ver la destreza de un habilidoso jugador... ¡ya le gustaría al Madrid tener uno como éste!

Después de tanto ejercicio intelectual, tanta labor hogareña y tanto deporte, fue necesario un merecido descanso... (atención al detalle, ¡que en esta foto salimos los tres!)

Después volvimos a casa y Julia cocinó un rodaballo (del que no hay fotos porque "fue un visto y no visto", Juan dixit) y una ensalada que tuvo menos éxito pero que estaba muy rica. Poco después, Marc subió a la cama y nosotros pusimos manos a la obra con el blog, ¡en el que ya se pueden dejar comentarios! Ahora, mientras duerme, compartimos todas estas hazañas con ustedes. Un abrazo desde Pittsburgh,

Julia y Juan

miércoles, 29 de junio de 2011

Crónica del día 5: Nuestra rutina toma forma

Nuestros estimados lectores se manifiestan y están contentos con nuestras crónicas. ¡La noticia nos alegra un montón y nos hace tener más ganas de seguir compartiendo nuestras aventuras!
El día de hoy comenzó más o menos como lo hacen todos nuestros días: tempranito (algunos, claro está, más que otros) y con un buen desayuno (mejor para algunos que para otros, claro, el madrugón tiene su consabida recompensa...). De ahí, cada uno a sus labores, sendas oficinas y museo. El día de hoy, además de un detallado relato de las incursiones arqueológicas de Marc y sus secuaces (a quienes les enseña español en sus ratos libres, aunque les cueste decir "que"), ¡tenemos una foto! Cuándo le preguntamos qué estaba haciendo en esa foto, nos dijo que estaba "picando piedras"... (¡esperamos que esto no nos cueste una demanda por explotación infantil!)

¿A que se lo ve entusiasmado? Hoy, al buscarlo en el museo, lo notamos más contento que los días anteriores. Parece que se va acostumbrando y que cada vez hace más amigos. Juan lo encontró muy bien acompañado cuando fue a recogerlo... a ver quién adivina cuántas damiselas lo rodeaban...
Después, ya en casa, hicimos diversas tareas que teníamos pendientes y juntamos hambre para otra de las magníficas cenas que nos depara el chef Juan. Lo confesamos: esta vez el hambre pudo más que la voluntad ilustrativa de los comensales y no hay documentos que prueben que comimos un delicioso risotto de setas...
Sin embargo, después de cenar, ¡nos acordamos de nuestros lectores! Y ahí documentamos la parte del pan que Juan hizo para la cena que se salvó de ser devorada:

Finalmente, nos pusimos en plan payasos y, aprovechando que nuestro amigo Jorge estaba en casa, hicimos una foto para que nuestros lectores se diviertan y sepan que sí, es verdad, trabajamos, vamos al museo, hacemos arqueología, leemos y hasta picamos piedras, ¡pero también sabemos hacer pavadas con mucho talento!

Después de cenar, empezamos a ver una peli. Como nuestro amigo Jorge nos acompañaba, la peli tuvo en su momento cuatro flamantes espectadores. Poco después, tres. Poco después, dos. Y así, hasta que sólo dos valientes terminaron de verla (no decimos nombres, la imaginación es vasta)...
Ahora, mientras Marc y uno de nosotros duermen, otro de nosotros comparte todas estas hazañas con ustedes. Un abrazo desde Pittsburgh,

Julia o Juan

Crónica del día 4: ¡Tarde pero seguro!

Nuestro martes fue tranquilo y ya completamente entregados a la rutina. Marc fue al museo, Juan y Julia trabajaron desde casa. Al regresar, Marc nos contó que sus compañeros, con los que mejor se lleva, se llaman Alex y Aaron. Por la mañana les hicieron preguntas de arqueología (¿cuántos de nosotros hubieramos podido con eso?) y si las respondían bien les daban una especie de premio... El resto de las actividades ya las contará Marc en vivo a su regreso.
Una vez en casa, Marc se dedicó a regar los tomates que Juan plantó esta primavera con tanto esmero ¡y que están enormes!

Después leímos un rato y juntamos hambre para la cena... que nos preparó un gran chef.

Finalmente, degustamos las delicias de la cena que empezó así:

A esta maravilla le siguió un platazo de pasta, tras el cual todos quedamos ahítos y cansados. Marc se fue a la cama y, poco después, Juan y Julia le siguieton los pasos. Recién ahora, tras nuestras buenas horas de sueño, ¡fuimos capaces de compartir estas hazañas con ustedes! Un abrazo desde Pittsburgh,

Julia y Juan

lunes, 27 de junio de 2011

Crónica del día 3: El comienzo de la "rutina"

Hoy comenzamos la "rutina" semanal: Juan partió hacia Toronto, Julia a trabajar y ¡Marc al campamento! Nos levantamos pronto (algunos más pronto que otros, para no perder la costumbre) y partimos hacia el Museo de Ciencias Naturales, donde tiene lugar el campamento de verano "Puzzles del pasado, mensajes para el futuro".

Llegamos, posamos para una rápida instantánea en la puerta y para cuando nos dimos cuenta... Marc ya había dejado su mochila con comida, tenía puesto un cartelito con su nombre y se había sentado en la otra punta de la sala. Lo saludamos desde lejos. Lo que pasó en el museo será parte del relato de Marc al regresar...
Julia pasó en la mitad para ver si todo estaba bien y pasó a recogerlo a la salida. El dúo caminó hasta la casa, charlando del día, previo paso por el súper para reponer tomates. Con dos catalanes en la casa, es difícil estar al día con el pan con tomate... Al llegar, descansamos un rato, leímos y merendamos.

Más tarde, mientras preparábamos la cena, el hacendoso Marc colaboraba en la industriosa preparación de su "lunch" para mañana.

Intentamos mirar una de Jackie Chan pero ya estábamos demasiado cansados. ¡Aunque no tanto como el viajero que ahora mismo regresa de Toronto! Éste sí que es un viaje relámpago... Marc subió a dormir, después del beso de las buenas noches para -tal como él mismo lo dijo- no dormirse frente a la tele. Ahora, mientras duerme, compartimos todas estas hazañas con ustedes. Un abrazo desde Pittsburgh,

Julia y Juan

Nota al margen: diálogo en la puerta del museo, tras dejar a Marc:
-Ay, no le dimos un beso de despedida -dijo uno.
A lo que el otro respondió:
-¿Adelante de los demás? ¡Cómo se nota que no recuerdas cómo era todo cuando tenías esa edad!
¡Queda la adivinanza de quién dijo qué para nuestros ávidos lectores!

domingo, 26 de junio de 2011

Crónica del día 2: Día al aire libre

La mañana empezó bien: desayunamos temprano (no tanto, en realidad, si tenemos en cuenta que Marc abrió los ojitos por primera vez a las seis y media... y se volvió a dormir) y típicamente, ¡con pan con tomate y atún! Después, tío y sobrino salieron a pasear por el centro, donde visitaron la puerta del estadio de béisbol y... ¡muchos puentes!

Después buscaron a Julia en casa y fuimos todos juntos a comprar un libro de regalo para un amigo y un libro para Marc, en inglés. De ahí, nos fuimos de picnic y comimos muy rico y jugamos al fútbol. Algunos tienen una idea muy singular de lo que es el "fair play"...

El lugar era muy bonito y paseamos por ahí para sacar alguna foto con el paisaje...

Después nos cambiamos de parque, a otra celebración en la que había un personaje muy famoso...

Después de tanto paseo, finalmente pasamos por el super para aprovisionarnos para comenzar la semana. Marc, el primer colaborador ¡y conductor oficial del carrito de la compra!

Regresamos a casa, agotados, donde nos duchamos y cenamos. Marc se despidió con beso para las chicas y la mano para los chicos. Ahora, mientras duerme, compartimos todas estas hazañas con ustedes. Un abrazo desde Pittsburgh,

Julia y Juan

sábado, 25 de junio de 2011

Crónica del día 1: Llega el campeón, es un valiente


Llegamos al aeropuerto con tiempo (¡temimos atascos pero salimos ilesos!) y fuimos muy campantes a la ventanilla de la aerolínea... donde una empleada nos dijo que 1. no había menores en ese vuelo y 2. no había vuelos desde Barcelona en esa compañía. La respuesta de Juan: una carcajada. Nos asustamos e insistimos: Marc Sobrino Sebastián está en un avión que viene de Nueva York. Fuimos a corroborar el número de vuelo en los papeles que habíamos dejado en el coche y al regresar, ya lo habían encontrado en el sistema informático. Finalmente, Juan se hizo con un permiso para llegar hasta el avión.

Marc tardó en salir, Juan pidió que lo buscaran y cuando salió, ¡se había multiplicado! Tres niños con sus documentos colgando del cuello hablaban español, salieron hablando tranquilamente. Y Juan no tardó un segundo en decir: Yo me llevo sólo uno.
Con naturalidad, sale del avión y dice “Hola, tiet”. Fue medio raro porque la azafata insistía en que Juan firmara un papel… Entonces aprovecharon para llamar a Alicia y a Montse. Y luego se abrazaron y comenzó el relato del viaje (incluidos los detalles de los salarios de los padres de los niños con los que viajaba, cómo no).

Salieron juntos ¡y estaban guapísimos! Marc sonreía todo el tiempo y derrochaba tranquilidad. Fuimos a buscar su maleta y uno de sus compañeros de viaje se la alcanzó. Nos montamos en el coche, donde tío y sobrino compartieron una larga charla sobre gepeeses y coches… divertido. Después de una escala técnica en un par de tiendas (“Ikea se escribe igual, no tiene ningún acento”), llegamos a casa. Le dimos a elegir entre dos espacios en los que montaríamos su habitación y ganó… el que tenía las fotos que Juan le había preparado del Real Madrid. Marc le dio a Julia un bellísimo regalo (¡gracias, papás!), comprobó que el KH7 estuviera intacto y nos hizo entrega de las tan mentadas ballerinas… Juan y Marc organizaron la ropa (Juan fascinado con el orden de la maleta), mientras Julia cocinaba.

Marc hizo un enorme esfuerzo por mantenerse despierto hasta la cena y ¡lo consiguió! Hizo gala de unas maneras increíblemente cuidadosas, levantó la mesa e imploró con la mirada que lo dejáramos ir a dormir. Eran las nueve de Pittsburgh, ¡pero las tres de la madrugada para él!

Ahora, mientras duerme, compartimos todas estas hazañas con ustedes. Un abrazo desde Pittsburgh,

Julia y Juan