Nuestros estimados lectores se manifiestan y están contentos con nuestras crónicas. ¡La noticia nos alegra un montón y nos hace tener más ganas de seguir compartiendo nuestras aventuras!
El día de hoy comenzó más o menos como lo hacen todos nuestros días: tempranito (algunos, claro está, más que otros) y con un buen desayuno (mejor para algunos que para otros, claro, el madrugón tiene su consabida recompensa...). De ahí, cada uno a sus labores, sendas oficinas y museo. El día de hoy, además de un detallado relato de las incursiones arqueológicas de Marc y sus secuaces (a quienes les enseña español en sus ratos libres, aunque les cueste decir "que"), ¡tenemos una foto! Cuándo le preguntamos qué estaba haciendo en esa foto, nos dijo que estaba "picando piedras"... (¡esperamos que esto no nos cueste una demanda por explotación infantil!)

¿A que se lo ve entusiasmado? Hoy, al buscarlo en el museo, lo notamos más contento que los días anteriores. Parece que se va acostumbrando y que cada vez hace más amigos. Juan lo encontró muy bien acompañado cuando fue a recogerlo... a ver quién adivina cuántas damiselas lo rodeaban...
Después, ya en casa, hicimos diversas tareas que teníamos pendientes y juntamos hambre para otra de las magníficas cenas que nos depara el chef Juan. Lo confesamos: esta vez el hambre pudo más que la voluntad ilustrativa de los comensales y no hay documentos que prueben que comimos un delicioso risotto de setas...
Sin embargo, después de cenar, ¡nos acordamos de nuestros lectores! Y ahí documentamos la parte del pan que Juan hizo para la cena que se salvó de ser devorada:

Finalmente, nos pusimos en plan payasos y, aprovechando que nuestro amigo Jorge estaba en casa, hicimos una foto para que nuestros lectores se diviertan y sepan que sí, es verdad, trabajamos, vamos al museo, hacemos arqueología, leemos y hasta picamos piedras, ¡pero también sabemos hacer pavadas con mucho talento!

Después de cenar, empezamos a ver una peli. Como nuestro amigo Jorge nos acompañaba, la peli tuvo en su momento cuatro flamantes espectadores. Poco después, tres. Poco después, dos. Y así, hasta que sólo dos valientes terminaron de verla (no decimos nombres, la imaginación es vasta)...
Ahora, mientras Marc y uno de nosotros duermen, otro de nosotros comparte todas estas hazañas con ustedes. Un abrazo desde Pittsburgh,
Julia o Juan