Llegamos al aeropuerto con tiempo (¡temimos atascos pero salimos ilesos!) y fuimos muy campantes a la ventanilla de la aerolínea... donde una empleada nos dijo que 1. no había menores en ese vuelo y 2. no había vuelos desde Barcelona en esa compañía. La respuesta de Juan: una carcajada. Nos asustamos e insistimos: Marc Sobrino Sebastián está en un avión que viene de Nueva York. Fuimos a corroborar el número de vuelo en los papeles que habíamos dejado en el coche y al regresar, ya lo habían encontrado en el sistema informático. Finalmente, Juan se hizo con un permiso para llegar hasta el avión.
Marc tardó en salir, Juan pidió que lo buscaran y cuando salió, ¡se había multiplicado! Tres niños con sus documentos colgando del cuello hablaban español, salieron hablando tranquilamente. Y Juan no tardó un segundo en decir: Yo me llevo sólo uno.
Con naturalidad, sale del avión y dice “Hola, tiet”. Fue medio raro porque la azafata insistía en que Juan firmara un papel… Entonces aprovecharon para llamar a Alicia y a Montse. Y luego se abrazaron y comenzó el relato del viaje (incluidos los detalles de los salarios de los padres de los niños con los que viajaba, cómo no).
Salieron juntos ¡y estaban guapísimos! Marc sonreía todo el tiempo y derrochaba tranquilidad. Fuimos a buscar su maleta y uno de sus compañeros de viaje se la alcanzó. Nos montamos en el coche, donde tío y sobrino compartieron una larga charla sobre gepeeses y coches… divertido. Después de una escala técnica en un par de tiendas (“Ikea se escribe igual, no tiene ningún acento”), llegamos a casa. Le dimos a elegir entre dos espacios en los que montaríamos su habitación y ganó… el que tenía las fotos que Juan le había preparado del Real Madrid. Marc le dio a Julia un bellísimo regalo (¡gracias, papás!), comprobó que el KH7 estuviera intacto y nos hizo entrega de las tan mentadas ballerinas… Juan y Marc organizaron la ropa (Juan fascinado con el orden de la maleta), mientras Julia cocinaba.
Marc hizo un enorme esfuerzo por mantenerse despierto hasta la cena y ¡lo consiguió! Hizo gala de unas maneras increíblemente cuidadosas, levantó la mesa e imploró con la mirada que lo dejáramos ir a dormir. Eran las nueve de Pittsburgh, ¡pero las tres de la madrugada para él!
Ahora, mientras duerme, compartimos todas estas hazañas con ustedes. Un abrazo desde Pittsburgh,
Julia y Juan
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